jueves 17 de noviembre de 2011

HOY

Gracias por hacerme seguir adelante.

Lo mucho que te necesito:
si no te tengo,
me pierdo.

El tiempo


un segundo
un siglo
tus besos

un abrazo


el sigilo sosegado de tus manos

lunes 17 de octubre de 2011

en medio

mentiras a babor
reproches a estribor

a un lado improductivo desierto
una tormenta desatada por el otro

serpientes
pumas

y yo en medio
lacerada
medio muerta
herida

estoy a punto de desaparecer
en un tris de evaporarme
me estoy haciendo invisible
a base de luchar sin fuerzas

¿una retirada para rearmarme?
parece que el capitán
no la considera estrategia

en la cuerda floja
la más leve brisa puede desestabilizarte

en mi cuerda floja
los vendavales son épicos

viernes 23 de septiembre de 2011

Poseída

Me siento perdida

y con los ojos hinchados

de tanto llorar

sin ti.


Ibas a estar

a mi lado

en lo bueno y en lo malo.

Pues bien, lo malo ha llegado

...y tú te has evaporado...

Indignado, cabreado...todo lo que tú quieras,

pero no estás.


Todo se desmorona.

Me ahogo.

Me cuesta respirar, comer, dormir.

Me pesa la vida

sin ti.


Necesito que me des serenidad

y tranquilidad.

Un abrazo,

necesito un abrazo tuyo

mientras mi mundo se derrumba.

¿No te das cuenta que tengo que levantarlo de nuevo?

¡¿Cómo voy a hacerlo?!

Eres el pilar

sobre el que levanté

mi felicidad.


Silencio.

Es todo cuanto obtengo,

silencio y más silencio.

Un vacío que no sé cómo llenar.

Mi alma hueca.

No oyes mis gritos.

Desoyes mis peticiones.

Ayúdame estando a mi lado,

no esperando que diga

lo que tú quieres oír.


Ni en mis más locas pesadillas

habría imaginado

que tú serías el dios

que agitase mi barca

en medio de una tempestad.

martes 15 de marzo de 2011

El último soldurio

Todos, incluyendo a mis compañeros, se rieron con la broma mientras que del cerco de sus dientes salía también esa expresión: jefe veterano. Fue la primera vez que me llamaron por el nombre con el que hoy se me conoce: Corocotta. Es un nombre largo porque son dos palabras en una: «coro» —que en nuestra lengua significa jefe— y «cotta» —que equivale a veterano—, pero llevo décadas junto a él, le he cogido aprecio y además estoy convencido de que muchos hombres, incluyendo a un emperador romano, no podrán olvidarlo mientras vivan.


El último soldurio, Javier Lorenzo

miércoles 9 de febrero de 2011

Sencillamente

Simplemente,
me gusta que me llames
cuando estoy enferma
y que me mandes bicos
antes de colgar.
Sencillamente,
me gusta saber
que estás a mi lado
y sentirte
revoloteando
en mi mente
todos
y cada uno
de los segundos
del día.

Sencillamente,
me tienes completa
y absolutamente
enamorada de ti.
Irremediable
y locamente
enamorada de ti.

jueves 27 de enero de 2011

náuseas

de repente, se me ha encogido el corazón:
en mitad de la frase ha usado puntos suspensivos
y no hay besos en la última palabra

Un deseo

Ojalá esta noche,
al entrar en casa,
estuvieses tú al otro lado de la puerta,
esperándome.
Entonces me darías un beso de bienvenida.
Le darías los últimos toques a la cena
mientras yo me cambio de ropa,
quitándome de encima
todo lo que huele a oficina.
Me contarías cómo fue tu día.
Y yo me reiría
cuando hablases de lo mucho que se acercaba una profesora
cuando fuiste a presentarle la nueva aplicación informática para el aula.

Y después de cenar lenguado al horno
y zanahorias y pimientos al papillote,
después del yogur de vainilla de postre,
nos lavaríamos los dientes
y nos meteríamos en la cama.
Me acurrucaría junto a ti
mientras me abrazas
y, solo entonces,
me permitiría ser frágil,
mientras acaricias mi pelo
y repartes besitos en mi frente.
Pero no me rompería por la mitad,
por muy fuerte que me abrazas.

Entonces me harías reír.
Y yo te querría más que nunca,
por dejarme ser cristal entre tus manos.

El cavernícola que quiso ser poeta

Érase una vez un apuesto cavernario enamorado de una elegante cavernaria. Era tal el amor que lo empujaba hacia ella, que el cavernícola sentía que era más que aquello que sus compañeros de caza de mamuts llamaban la coyunda.

Un día, sintió algo por dentro, como una punzada...y pensó que era hambre. Después de comer un bocadillo de jabalí seguía sintiendo esa punzada por dentro, así que se preparó otro bocadillo; pero esa extraña punzada interior no cesaba, así que supuso que no era hambre, pues estaba tan lleno que ni siquiera se había podido acabar el último bocadillo de perdices que se había hecho. Tenía que ser otra cosa, no hambre.

Entonces sintió un repentino deseo de escribir un pareado en la pared. Aunque para ser precisos, él no sintió ni el deseo de escribir ni las ansias de escribir un pareado, más que nada porque la humanidad todavía no escribía y porque nadie sabía que existían los pareados. Aún así, una idea se quedaba fija en su mente:

se escurre la almohada
mientras tu entrepierna está empapada


Su compañera se sentiría verdaderamente conmovida ante tal despliegue de originalidad y, sin poder contenerse, se le tiraría encima...realmente empapada.

Un cuento

El Príncipe pensaba que la Princesa y él no se comunicaban. No entendía que mientras que él croaba, ella piaba. Y cuando era ella la que aullaba, él respondía con relinchos.
Con todo, seguían adorándose día tras día.

Manos frías

Se cuelan tus manos

bajo mi camiseta.

Tus manos frías

de serpiente o lagartija.

Tus manos como de vampiro.


Hielo que se derrite

en un vaso con café.

miércoles 8 de diciembre de 2010

El teléfono marcado no se encuentra disponible en estos momentos

no hay más que silencio

el ventilador del ordenador
mis lágrimas contra la mesa

silencio

y tu ausencia

el viernes imprimí una foto nuestra en Betanzos para poner en el corcho.
el sábado estuve redecorando y me di cuenta de que todo me recuerda a ti.
el domingo me acordé de ti en unas tiendas y te cogí algo.
el lunes me compré un par de conjuntos de ropa interior pensando en si te gustarían.
el martes me compré un vestido intentando imaginar qué dirías cuando me lo vieras puesto.
y hoy, miércoles, te he estado echando de menos todo el día.

ahora mismo, me duele el corazón

solo quiero hacerme un bolita,
minúscula,
y dejar de pensar

convertirme
en una motita de polvo
que te echa de menos

una palabra tuya
haría de dique
para mis lágrimas

y un abrazo

te quiero
y no puedo evitar
estar echándote tanto de menos

¿por qué no sé nada de ti?
miedo me da pensar que no quieras saber nada de mí

(llanto intercalado entre las palabras de la última frase)

soy idiota

pero no puedo dejar de añorarte

ahora me pesan las palabras
mi cuerpo no deja de temblar

me duele el corazón
de tanto silencio